La imagen no es siempre la realidad

Ficción y realidad. Artificio y naturaleza. Lo genuino y la imitación. Conocimiento cierto o conocimiento falso. Cualquier parecido con la realidad (en muchas ocasiones), es mera coincidencia.

Pensamos con los elementos de juicio que tenemos a nuestro alcance. Desconfiamos de la fuentes externas y somos peligrosamente crédulos con las propias. Y lo más interesante es observar como la frontera entre lo de fuera y lo de dentro es una línea muy sutil, franqueada muchas veces sin percibirlo de manera consciente. Después de ver miles de horas de vídeo, innumerables imágenes y leer tantas páginas escritas recreando todo tipo de situaciones y a toda clase de personajes, no es fácil distinguir qué conocimiento del mundo es real, está basado en la experiencia, tiene fundamento, y cuál hemos asumido como propio, lo hemos injertado en la mente desde la ficción a partir de las imágenes externas. En ocasiones necesitamos detenernos para examinar con atención qué estamos pensando, sobre quién y sobre qué, para no estar interpretando inconscientemente un guión elaborado por otros. Las cosas no son siempre como las cuentan. La representación puede no coincidir con el original, soñamos hasta despiertos y la vigilia nos pilla a veces desprevenidos porque la realidad supera y se impone siempre a la ficción.

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Somos incansables mecanismos de evaluación durante las 24 horas del día. No paramos de indagar, analizar, hacer predicciones, recordar, examinar el pasado y hacer representaciones de la realidad para tomar decisiones y desenvolvernos en el mundo con el mayor acierto posible. Nuestra mente es un flujo continuo de información, pensamientos y emociones. Utilizando lenguaje informático, la mente actúa a modo de CPU principal, pero también cuenta con una potente GPU (una espléndida tarjeta gráfica)

La tecnología aporta hoy en día un plus de veracidad a nuestro esfuerzo por la generación continua de representaciones de lo real. Algo revolucionario en nuestra cadena evolutiva. ¿Cuándo ha contado la imaginación con aliados más potentes? Para ello están las grandes pantallas UHD, el vídeo 3D, las cámaras de fotos de XX megapixeles, los selfies tuneados. Vivimos en el imperio de la imagen y con la imaginación hiperventilada, que genera en no pocas ocasiones, una verdad hecha a la medida de los guionistas y los creativos, una realidad aumentada que ha venido para quedarse y está desarrollándose a buen ritmo.

Contamos con el catálogo más completo de herramientas para conocer y también para generar el autoengaño más perfeccionado de la historia. ¿Qué es real? ¿Cuál es la correspondencia entre lo real y la representación que reside en nuestra mente, que determina con tanta fuerza deseos y frustraciones? Hacemos juicios, valoraciones e interpretaciones sobre acontecimientos y personas para tomar posteriormente decisiones con las que adquirimos un compromiso, en primer lugar, con nosotros mismos, por lo que difícilmente admiten apelación alguna ya que se basan en creencias adquiridas dentro del gran videoclub en el que hemos transformado la existencia. Cuando nos enamoramos, cuando nos desenamoramos, cuando sufrimos conflictos y buscamos soluciones, en el trabajo y en el ocio, en la sexualidad, el arte, la gastronomía o el deporte. En todas las esferas de la vida.

Existimos flotando en ese líquido amniótico de la conciencia formado por un mosaico de imágenes sobre las que deberíamos tener una confianza limitada. La cuestión más interesante consiste en admitir como primer criterio de conocimiento que la realidad siempre es superior a la idea.

Para el filosofo Byung Chul Han “vivimos en una sociedad narcisista, pornográfica, consumista, depresiva, agotada, del cansancio”. Por si esto fuera poco, los medios de comunicación amplifican la confusión ya que generan tal cantidad de datos e información, en definitiva ruido, que anulan la posibilidad de articular el pensamiento, el logos, deformando así la realidad. Además, se anula la tensión narrativa, tan necesaria ante la simple acumulación de datos.

¿Qué hacer entonces para que la violencia de la imagen no domine la vida? El pensador coreano levanta la bandera del pensamiento y de la narratividad, baluartes que reivindica frente al cálculo y la ciencia Google de los algoritmos que se agota en la comparación e igualación de datos. Para combatir la crisis del conocimiento, dañado por el dataísmo que día y noche vemos fomentado desde el poder, necesitamos caer en la cuenta de la capacidad de conocer que tenemos, muy limitada y falible,  autocompletada de continuo por nuestra mente que no sabe, de manera astuta y subrepticia, por medio de continuas generalizaciones, reducciones y simplificaciones para poder desenvolvernos en medio de la complejidad.

Por último, creo interesante retomar de nuevo a Byung-Chul Han, que defiende la necesidad de un pensamiento nuevo que nazca a partir del silencio, huyendo del vértigo de la aceleración. Así, el filósofo coreano reivindica la importancia de articular o redescubrir teorías fuertes, certezas contrastadas que orienten el ánimo y la razón para seguir respirando en medio de la confusión.

“Todos, sin excepción, tenemos nuestros seres respirables. Si nos faltan, nos falta el aire, y nos ahogamos. Entonces se muere. ¡Morir por falta de amor es horrible! ¡La asfixia del alma!”

“Los Miserables”, de Victor Hugo.

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