¿Mujeres contra hombres?

He encontrado este comentario de Javier Figuero ante la oleada de feminismo radical protagonizada por el movimiento internacional #MeToo, y estoy plenamente de acuerdo en el enfoque y las conclusiones del autor. Los errores no se corrigen con nuevos errores, ni la injusticia tiene su reparación en la venganza. Cualquier movimiento que abrace la bandera de la radicalidad en sus planteamientos y en sus actuaciones no cuenta con mi apoyo. Esa parte del feminismo que ha demonizado el “patriarcado” para imponer una presión insoportable y asfixiante sobre las relaciones personales y sociales, sobre el débil pensamiento político contemporáneo hasta el ridículo, es el resultado de una estrategia bien definida cuyo alcance no acabo de ver.

Cuando conocemos las desigualdades, los abusos y la violencia contra las mujeres nos rebelamos todos los bien nacidos. Es verdad que queda mucho por hacer, pero no de cualquier manera y a cualquier precio, porque los cambios sociales abruptos provocan siempre más víctimas de las que se pretenden salvar. No existen el hombre y la mujer en abstracto. Existen hombres y mujeres con una individualidad que no se puede amalgamar en burdas generalizaciones. Existe la libertad personal, y cada uno es responsable de sus actos con independencia del género. Hubo un tiempo en que todos los judíos eran malos, los cristianos eran malos, los comunistas eran malos, los disidentes eran malos, los burgueses eran malos, los protestantes eran malos, los moros eran malos, los antiespañoles eran malos, los rojos, los azules, los verdes, los rosas … El progreso no consiste en un regreso al futuro sino en mejorar el presente con paciencia y sin estridencias. Concienciar no consiste en exacerbar el ánimo. Denunciar no es demonizar.

Kathrine-Switzer
Un animal no define al resto de la manada

Cuando la justicia se quita la venda para favorecer a unas frente a otros con leyes como las que se han promulgado en España por los progresistas oportunistas mal vamos. Una cosa es visibilizar y focalizar los problemas y otra cosa es crear más y nuevos problemas. Ninguna desigualdad, ninguna violencia es tolerable. A por todas (las injusticias), pero no “a por todos”, como parece estar de moda ahora.

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