Todo deriva de la vanidad y todo tiende a ella

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Figurar, ser importante, conocido, reconocido, considerado, reputado, distinguido, considerado, celebre, ¿famoso? Los medios de comunicación necesitan noticias, protagonistas para alimentar sus titulares, personajes e historias que ocupen el tiempo sin tiempo de la actualidad, esa realidad que nunca duerme, hecha de crónicas, rumores, tertulias ruidosas, morbosidad despiadada y grandes dosis de ética entretenida para el consumo de masas. Una actualidad tan efímera como voraz.Nunca faltan voluntarios para el casting que rescata de la condena de ser gente a ser personaje público, de abandonar el anonimato y progresar para dejar de ser pueblo a ser popular. También la política ha sido seducida por el espectáculo, y desde su sentido original como actividad cuya principal razón de ser era alcanzar un fin preciso, el bien común, ha mutado hacia ser una fuente inagotable de exhibicionismo. Desgraciadamente, sin más pretensiones que surfear la ola de la popularidad para rentabilizarla en votos.

Confieso que  me cansa ver a tant@ tont@ del bote ocupando pantalla de televisión, inflados como pavos, siempre engolados y enamorados de… sí mismos. Exponiendo ex cátedra sus frágiles pensamientos, hilvanados tan solo con el hilo del oportunismo como si escribieran líneas de oro en la historia del pensamiento y de la política, cuando tan sólo representan intereses minúsculos y un ego personal insaciable.

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Al reflexionar sobre la necesidad compulsiva y neurótica de parecer y aparecer que manifiestan muchas de nuestras vedettes políticas de moda, he descubierto esta pequeña joya. Es una novela, La correspondencia de Fradique Mendes, donde el escritor portugués Eça de Queirós incluye una carta de este singular personaje, que se inventó al alimón con sus colegas Jaime Batalha Reis y Antero de Quental, en la que arremete contra un amigo que quiere fundar un periódico. Ni se te ocurra, viene a decirle.

El argumento de mayor peso que utiliza para que renuncie a semejante empresa tiene que ver con la manía de los periódicos por simplificarlo todo. “Considera más bien que la prensa, con su forma superficial, liviana y atropellada de investigarlo y juzgarlo todo, es sin duda la principal culpable de que el funesto hábito de juzgar con ligereza haya arraigado tanto en nuestro tiempo”, le dice. Luego critica la “impúdica improvisación” de los periodistas y el funesto vicio de haberse “desembarazado del penoso trabajo de verificar”: “Para juzgar el más complejo de los hechos políticos nos contentamos con un rumor apenas escuchado en una esquina una mañana de viento”.

Al final le advierte de que, ¡encima!, los periódicos fomentan el afán de notoriedad de cuantos persiguen la gloria. Los quince minutos de fama que profetizó Andy Warhol en 1968. “En esta etapa de la civilización, tan ruidosa y tan huera, todo deriva de la vanidad y todo tiende a ella”. Eça de Queirós escribía a finales del siglo XIX. Parece que lo estuviera haciendo ahora mismo.

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