Más política y menos leguleyos.

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Tras la tormenta viene la calma. Aunque también sabemos que las tormentas pueden y suelen repetirse al día siguiente. Todo el mundo coincide en calificar los acontecimientos vividos esta semana en Cataluña como de extrema gravedad. Hemos vivido un terremoto institucional, político, económico y emocional de gran magnitud, eso es indudable, y sin menospreciar los daños materiales, es preciso prestar la mayor atención hacia los daños personales, hacia los sentimientos colectivos generados; victoria o derrota, reino o república, escepticismo frente a esperanza, agravio frente a ilusión colectiva, lo viejo frente a lo nuevo, amigo o enemigo.Creo urgente disociar la causa independentista del proceso independentista. La causa es esencialmente un ideal, un sentimiento, una identidad colectiva generándose. El proceso  es la estrategia, son las actuaciones políticas concretas llevadas a cabo por los políticos que, con nombre y apellidos, han dirigido el teatro de operaciones desde el puente de mando de las instituciones catalanas. Siempre he defendido que las instituciones están por encima de las personas, y las instituciones catalanas no son propiedad de un colectivo particular, ni de una opción política, sino de todo el pueblo de Cataluña. Las instituciones están a salvo, valoremos a los políticos.

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La implicación sincera y legítima de muchos miles de personas con la causa independentista es un fenómeno que hay que tener muy presente, porque dentro de la ley, las personas merecen el máximo respeto, y porque un ideal, cualquier ideal, hay que tratarlo como lo que es, un esperanza, algo de naturaleza muy sutil y sensible, vital. También es equiparable en este nivel la movilización de quienes no son independentistas en Cataluña, en proporción fifty-fifty, e inmersos en un contexto nada neutral, cuando no francamente hostil hacia su ideal. Ambos colectivos han entrado en confrontación, afortunadamente, para desvelar la realidad social que se vive en Cataluña y para marcar la pauta de las futuras actuaciones políticas en una Comunidad que exige y reclama un marco de convivencia renovado, inclusivo, pacífico, democrático y a largo plazo.

Y es por ese respeto y consideración que todas las personas merecen por lo que hay hacer más política, más positiva y propositiva, y no reducirse desde el Gobierno a repetir el sonsonete legal, a refugiarse y concentrarse en el esfuerzo administrativo, a hacer pero no convencer, a resolver pero no seducir. Las causas son personas con una esperanza. La política se eleva a su máximo nivel cuando conecta con las aspiraciones vitales de las personas. Y ese es el trabajo que hay que hacer, que queda por hacer desde Cataluña y desde el resto de España, para que todos nos sintamos ganadores al final de esta historia, que ya no puede simplificarse por más tiempo a un cuento barato de buenos y malos, y por supuesto, nunca, con vencedores y vencidos.

2 comentarios en “Más política y menos leguleyos.

    • Amiga Montse. Además de las discrepancias, que para mi tienen un valor secundario, por aquí hay en muchos un afecto grande y sincero por Cataluña y por tantos buenos amigos catalanes con los que compartimos muchos años de trabajo ejemplar y algo más que compañerismo. Un saludo cordial.

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